Alfredo Melendi Crespo: buen padre y mejor abuelo

FUE AMIGO Y COMPAÑERO ANTES QUE VECINO, por lo menos para Mary Carmen en la extinta Escuela de Comercio de Oviedo -hoy Facultad de Ciencias Empresariales- en donde fueron compañeros de estudios, que por las vueltas que da la vida, continuó la amistad -en este caso con todos nosotros- durante casi medio siglo de vecinos (al principio Alfredo y Cuqui -y poco a poco fueron llegando Ana, María, Marta, Manuel y Pablo- en el 3º D, y Mary Carmen, Charo y un servidor, en el 1º D). A propósito de los estudios de comercio, se dá la curiosa circunstancia de que en la Comunidad de Propietarios de los Edificios números 62 y 64 de la calle Covadonga de Infiesto, habitábamos cuatro Titulares Mercantiles (Alfredo, Hugo, Mary Carmen y el que suscribe).

En su largo recorrido personal, pasando por estudiante de comercio, Concejal del Ayuntamiento de Piloña, Gerente de la Cooperativa del Campo, empresario de la madera y del mueble, director de banco, horticultor vocacional, experto micólogo, buen vecino y amigo cordial, dejó su huella de capacidad profesional y hombría de bien.

En lo de “BUEN PADRE Y MEJOR ABUELO”, sin obviar su meritoria labor como padre de cinco hijos con el fundamental respaldo de una esposa (Cuqui) alegre, simpática y cariñosa, que hacía más llevadera las dificultades de sacar adelante a una familia numerosa, las dos cariñosas cartas que con lágrimas en los ojos y voz entrecortada, nos leyeron en tu funeral, tus dos nietas Marina y Teresa, dicen alto y claro que lo de cariñoso abuelo se te daba muy bien. A continuación transcribo los textos íntegros de las mismas, empezando por la de Marina:

“Querido güelito: podríamos seguir llorando pero sabemos que a ti no te gustaría, pues sonreir siempre te caracterizó y eso haremos nosotros. Todas las cosas buenas y alegres que nos pasen, en parte serán por todo lo que nos enseñaste. Nosotros nunca te olvidaremos, seguirás vivo dentro de cada uno de nosotros y al pronunciar tu nombre nos sentiremos tan orgullosos como espero te sientas tu de nosotros y de todo lo que vayamos consiguiendo con tu ayuda desde allí arriba. Gracias por estar siempre a nuestro lado para animarnos y también para reñirnos. Deberías de ser eterno güelito, pero te fuiste muy temprano.

La carta la sigo con las palabras de tu único nieto, que al día de hoy y para siempre, se acuerda de esas frases motivadoras que siempre le decías: “Vas a sacar a esta familia a base de futbol” A partir de ahora todos los goles que marque, irán dedicados a ti. Te queremos.

P.D.: Cuidaremos siempre de tus búhos y seguiremos aumentando la colección.

A continuación la otra cariñosa carta de Teresa:

Querido güelito: Recuerdo cuando me llamabas por la ventana y me gritabas “Tarabica”; también recuerdo cuando íbamos todos juntos a La Trapiella a por setas, castañas y también limones.

Y por supuesto cuando me ayudabas a hacer los deberes de matemáticas.

Sé que soy la más pequeña, pero tendré unos recuerdos buenísimos de los 11 años que viví contigo. Para mí siempre serás un ejemplo a seguir. Te quiero güelito.

Alfredo, tienes que sentirte orgulloso de haber si tan querido por tu familia y amigos, en los que sigues presente en sus corazones.

Un abrazo y hasta siempre.

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